PELIGRO LATENTE: CHIMBOTE ENTRE LAS ZONAS SIN TERREMOTOS HACE MÁS DE 100 AÑOS

Ambas regiones no registran un gran terremoto desde hace más de 100 años. El Colegio de Ingenieros del Perú advierte una peligrosa acumulación de energía tectónica que podría liberarse en cualquier momento.

El reciente sismo de magnitud 6,0, ocurrido la noche del 27 de diciembre frente a las costas de Chimbote, volvió a encender las alertas sobre el alto riesgo sísmico que enfrenta el país. Según el Colegio de Ingenieros del Perú (CIP), esta ciudad forma parte de una de las dos franjas de mayor silencio sísmico del territorio nacional, zonas donde no se han registrado terremotos de gran magnitud en más de un siglo.

De acuerdo con Miguel Estrada Mendoza, presidente del capítulo de Ingeniería Civil del Consejo Departamental de Lima del CIP, la otra franja de silencio sísmico se extiende desde Tacna, en el sur del Perú, hasta Arica, en el norte de Chile. Ambas áreas concentran una preocupante acumulación de energía tectónica que podría liberarse de forma repentina y devastadora.

El movimiento telúrico del viernes tuvo su epicentro a 67 kilómetros al oeste de Chimbote y a una profundidad de 52 kilómetros, según el Instituto Geofísico del Perú (IGP). Aunque no causó daños mayores, el evento reactivó el debate técnico sobre la vulnerabilidad sísmica en regiones densamente pobladas y con altos niveles de autoconstrucción.

Estrada recordó que el antecedente más grave en la zona central del país fue el terremoto de 1746, que destruyó el Callao con una magnitud estimada entre 8,5 y 8,7, acompañado de un tsunami. “Un sismo de esa magnitud podría repetirse en cualquier momento”, advirtió.

El especialista señaló que entre el 70% y 80% de las viviendas en el Perú son producto de la autoconstrucción, muchas de ellas levantadas sobre suelos blandos o arenosos, lo que incrementa el riesgo de colapso ante un gran sismo. Distritos costeros y zonas urbanas sin planificación adecuada podrían sufrir daños severos, además del peligro de licuefacción de suelos y tsunamis.

Finalmente, el CIP exhortó a las autoridades a reforzar la fiscalización urbana, controlar el tráfico de terrenos y promover la educación sísmica de la población. La preparación, los simulacros y el respeto a las normas de construcción son claves para reducir el impacto de un eventual terremoto de gran magnitud.

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