
REDACTADO POR: Lugo Rojas Diana D.
La muerte de un locutor, tras una violenta agresión, expone una cadena de hechos aún no esclarecidos, limitaciones en la investigación y un creciente reclamo de justicia.
El 28 de abril, en medio de llanto, dolor y un profundo sentimiento de indignación, se realizó el sepelio de Robert Salvador Morales, familiares y amigos acompañaron su último adiós en Canrey Chico, recordándolo como un locutor cercano y querido por la población. La ceremonia estuvo marcada no solo por el duelo, sino también por constantes pedidos de justicia. Entre abrazos y mensajes de despedida, se hizo evidente el impacto que dejó su partida en la comunidad.

Días antes, el 22 de abril, el locutor fue hallado con graves lesiones tras una agresión en circunstancias que aún no han sido esclarecidas. La falta de información marcó el inicio del caso, generando preocupación entre sus familiares y entorno cercano. Asimismo, se evidenció la ausencia de pruebas clave que permitan reconstruir lo sucedido ya que según lo informado, las agresiones habrían ocurrido en diversas zonas como Manco Cápac, la avenida Confraternidad y áreas cercanas. Este vacío inicial complicó el avance de las primeras diligencias y dificultó esclarecer la secuencia de los hechos. La escasa información disponible incrementó las dudas en torno al caso desde sus primeras horas.

Posteriormente, fue trasladado al Hospital Víctor Ramos donde permaneció en la unidad de cuidados intensivos debido a la gravedad de sus lesiones, mientras su familia esperaba su recuperación. Durante esos días, sus familiares exigieron que se investigue el caso y se identifique a los responsables. Tristemente, el 24 de abril se confirmó su fallecimiento, lo que generó conmoción en la población.

Tras su muerte, la División de Investigación Criminal informó que se encontraba analizando registros de videovigilancia para esclarecer lo ocurrido. No obstante, reconocieron que la investigación enfrenta limitaciones por la falta de acceso a algunos videos dificultando el proceso de identificación de los implicados en el caso.

En medio de este escenario, la memoria de “Gato Garfield” permanece viva en quienes lo conocieron, mientras su caso se convierte en un símbolo del clamor ciudadano por justicia. Su partida no solo deja un vacío en la comunicación local, sino también una deuda pendiente que las autoridades aún deben saldar.






