
. La obra se pagó. Se dio por terminada. Se firmó el acta. Pero el colegio no estaba listo. Ni bien hecho.
Un informe de control posterior de la Contraloría General de la República, emitido el 27 de marzo de 2026, destapa una irregularidad que ya no sorprende, pero sí indigna: la Municipalidad Distrital de Quillo aprobó y pagó la liquidación de una obra educativa que arrastraba fallas estructurales y trabajos inconclusos desde su entrega.
Se trata del proyecto de recuperación de la I.E. N.° 88380 Pedro Artemio Morales Pampa. La obra empezó en julio de 2021, bajo la gestión del exalcalde Santos Caballero Lacho. Fue recibida en noviembre de 2023, ya con otra administración, la del alcalde Rodrigo Huerta Quiroz. En los papeles, todo conforme. En la realidad, no tanto.
Dos años después, el deterioro habla solo.

OBRA “CONFORME”, PERO DEFICIENTE
La municipalidad dio luz verde a la liquidación en diciembre de 2023. Cerró el expediente. Pagó. Archivó.
Pero la inspección de la Contraloría, realizada el 25 de febrero de 2026, encontró lo que nadie quiso ver —o prefirió ignorar:
- Losa deportiva agrietada, con vegetación creciendo entre las juntas por la ausencia de asfalto, levantando el concreto como si reclamara abandono.
- Residuos de obra aún presentes, pese a que la limpieza final fue cobrada y pagada. Madera, restos de materiales, evidencia incómoda.
- Infraestructura sin accesibilidad, con rampas y escaleras sin pasamanos, en abierta infracción de las normas técnicas para centros educativos.

La obra estaba “terminada”. Pero no estaba terminada.

PAGAR POR LO QUE NO EXISTE
El hallazgo más delicado no está en lo que se ve, sino en lo que falta.
La entidad desembolsó S/ 34,273.76 por equipamiento de juegos infantiles que no fue instalado en su totalidad. Durante la verificación, no había resbaladeras, ni columpios adicionales, ni sube y baja.
Se pagó completo. Se entregó incompleto.
Un clásico.
RESPONSABILIDADES QUE NADIE QUIERE
El informe es claro: las deficiencias no fueron advertidas ni durante la ejecución, ni en la recepción de la obra. Nadie observó. Nadie corrigió. Nadie detuvo el proceso.
La cadena de responsabilidades apunta al contratista, pero también a los funcionarios que supervisaron, validaron y firmaron la conformidad.
La jefa del Órgano de Control Institucional, Rocío González Lucero, ya notificó al actual alcalde. Tiene 20 días hábiles para actuar. Para investigar. Para deslindar.
O para repetir la historia.
EL RETORNO
Pero la historia, en Quillo, nunca se cierra.
El exalcalde Santos Caballero Lacho —bajo cuya gestión se ejecutó la obra— vuelve a escena. Otra vez candidato. Otra vez discurso. Otra vez promesas de terminar lo que quedó a medias.
Promete corregir.
Promete concluir.
Promete arreglar lo que él mismo dejó mal.
La paradoja no es nueva, pero sigue funcionando.
En Quillo, la política gira en círculo: cambian los periodos, no los nombres. Se repiten los errores, se reciclan las promesas.
Y mientras tanto, el colegio espera.
Como siempre.






