
No habla de clientes, habla de amigos. No vende paisajes, defiende identidades. Percy Jamanca lleva décadas caminando el turismo como otros caminan la política: con persistencia, convicción y una fe casi obstinada en que Áncash puede ser más de lo que hoy es.

UNA VIDA DEDICADA A MOSTRAR ÁNCASH AL MUNDO
Mientras las autoridades cambian y los discursos se reciclan, Percy Jamanca permanece. Su nombre aparece vinculado al turismo regional desde hace años, no desde un escritorio, sino desde el terreno: congresos, ferias, caminatas ancestrales, rutas culturales y encuentros donde Áncash intenta explicarse al país y al mundo.
Jamanca no llegó al turismo por moda ni por oportunidad económica. Llegó por convicción. Ha insistido, una y otra vez, en que la región no solo debe mostrarse, sino aprender a recibir. Y ahí, sostiene, está el mayor problema.
“EL TURISTA NO ES UN CLIENTE, ES UN AMIGO”
En una de sus reflexiones más repetidas, Percy Jamanca lanza una frase que incomoda a quienes reducen el turismo a números y ganancias rápidas:
“El turista es un amigo, no un cliente”.
Para él, el fracaso del turismo en Áncash no está en la falta de atractivos —que sobran— sino en la falta de educación turística. Hoteles sin trato cordial, servicios improvisados, informalidad y una peligrosa costumbre de ver al visitante como alguien al que hay que sacarle provecho, no como alguien al que hay que cuidar.
“La atención sigue siendo nuestro punto débil”, admite. Y no responsabiliza solo al Estado. Apunta a la conciencia individual. Al trato. A la cultura del servicio que aún no termina de cuajar en muchas zonas de la región.

LA CORDILLERA BLANCA Y CHAVÍN: RIQUEZA SIN DEFENSA
Jamanca habla con orgullo de la Cordillera Blanca, uno de los patrimonios naturales más importantes del planeta, y de Chavín de Huántar, ícono cultural reconocido a nivel mundial. Pero su discurso no es complaciente.
Advierte que estos tesoros siguen expuestos a la desidia, la falta de planificación y el abandono institucional. Promocionarlos sin cuidarlos —dice— es condenarlos. Llevar turistas sin preparación es abrir la puerta al deterioro.
El turismo, en su visión, no puede ser depredador ni improvisado. Debe ser sostenible, respetuoso y, sobre todo, consciente.
ENTRE EL ESFUERZO PRIVADO Y EL SILENCIO DEL ESTADO
Gran parte del trabajo de promoción turística en Áncash ha recaído, durante años, en iniciativas privadas y esfuerzos personales. Jamanca lo sabe. Ha tocado puertas, ha organizado eventos en Lima, incluso en el Congreso de la República, para poner a Áncash en el mapa turístico nacional.
Pero el respaldo estatal —reconoce— suele llegar tarde, mal o nunca. Falta articulación, planificación regional y una política seria que entienda al turismo como desarrollo y no como adorno.
TURISMO COMO IDENTIDAD, NO COMO ESLOGAN
Percy Jamanca no promete milagros. No ofrece cifras espectaculares ni discursos vacíos. Su mensaje es incómodo porque es simple: sin educación turística, no hay turismo posible.
Su trayectoria demuestra que el turismo no se construye solo con paisajes, sino con personas. Con trato digno, con identidad, con orgullo por lo propio.
En una región rica pero mal administrada, Jamanca representa una figura persistente: la del ciudadano que decidió no esperar al Estado para defender lo suyo. El hombre que entendió que mostrar Áncash al mundo empieza, primero, por aprender a respetarlo.







