
El papel aguanta todo. Incluso obras que “funcionan” solo en los documentos.
El proyecto “Mejoramiento del sistema de agua potable e instalación de unidades básicas de saneamiento en el caserío La Rinconada, distrito de Quillo – Yungay – Áncash” fue liquidado en 2021 con actas impecables y resoluciones sin manchas. Pero en el terreno, la historia es otra: tapas oxidadas, tuberías rotas, reservorios rajados y un sistema de cloración que nunca operó. Una obra que existe, sí, pero que no sirve.

La Contraloría no hizo más que confirmar lo que los vecinos ya padecían: el agua no es segura y la infraestructura está deteriorada desde su entrega.
Aun así, la Municipalidad Distrital de Quillo, durante la gestión de Santos Caballero Lacho, aprobó la liquidación de la obra, pese a que se ejecutaron partidas distintas al expediente técnico. Se incumplieron normas básicas y se comprometió la vida útil del sistema. El resultado: más de 908 mil soles invertidos en un servicio que no garantiza lo esencial.

Bajo esa administración, la obra fue adjudicada al Consorcio La Rinconada —integrado por San Martín Vega S.A.C. y HS-PERU S.R.L.— con la supervisión de Señor de Chaucayán S.R.L. Hoy, las fallas documentadas y el abandono hablan más que cualquier informe.
Pero la historia no termina ahí.
El responsable político de esa gestión, el entonces alcalde Caballero Lacho, vuelve a la escena electoral. Otra vez candidato. Otra vez con promesas. Dice que ahora sí cumplirá con las obras inconclusas. Las mismas que dejó a medio camino.
La paradoja es inevitable: promete arreglar lo que él mismo malogró.
En Quillo, la política parece un ciclo cerrado: se repiten los nombres, se repiten los errores. Y mientras tanto, el agua sigue llegando oxidada.






