EL MITIN DE SOMOS PERÚ EN ÁNCASH: ENTRE PORTÁTILES Y SHOW ELECTORAL

A Juan Carlos Morillo más conocido como “Morillo Lovers” no le bastó haber probado el sabor de la cárcel ni la condena que lo persigue como una sombra. El exgobernador de Áncash, hoy reencarnado en candidato de Somos Perú, volvió a escena en Chimbote con un mitin que olió más a derroche que a fervor popular. Dicen los que saben —y los que vieron los buses estacionados— que aquel domingo 9 de noviembre se gastaron más de *300 mil soles* para llenar la plaza con entusiasmo alquilado.

El 80% del público, cuentan los organizadores resignados, venía de las provincias altas: campesinos, jóvenes, comités de base que no sabían muy bien a quién aplaudían, pero sabían que el pasaje y el almuerzo estaban pagados. La escenografía incluyó polos, artistas, prensa de alquiler y discursos enlatados. Un espectáculo completo, financiado con dinero que, según fuentes cercanas, *tendría el inconfundible aroma del oro sucio*.

Y allí, entre los globos rojos y los abrazos impostados, *apareció Guillermo Aliaga Pajares: flamante vocal titular del Consejo de Minería del Ministerio de Energía y Minas, vocero de Somos Perú y amigo del presidente José Jerí. Un alto funcionario que, por si alguien lo olvidó, está obligado por ley a mantener **neutralidad política en época electoral*. Pero la ética, parece, se tomó el día libre.

Lo curioso —y lo grave— es que Aliaga no solo asistió al mitin: también tiene un historial minero que lo conecta con los circuitos más oscuros de la informalidad. Fue abogado de *Compañía Minera Katze S.A.C., inscrita en el **Reinfo, ese registro que nació para formalizar a los mineros y terminó sirviendo de refugio legal para los ilegales. Además, fue gerente de **Esperada S.A.C.*, también acogida al mismo sistema.

Y para cerrar el círculo: el propio Consejo de Minería —del cual hoy forma parte— excluyó una concesión de Aliaga en el *Parque Nacional Huascarán*. Es decir, el funcionario que ahora decide sobre la legalidad de la minería en el país fue antes uno de los que jugaba en el límite de la ilegalidad.

A estas alturas, nadie puede fingir sorpresa. Morillo y Aliaga no son extraños. Los une la política, los negocios y la impunidad. El primero, *un exreo con ansias de redención electoral; el segundo, **un funcionario con intereses mineros* que pisa la raya ética sin pestañear. Juntos representan la alquimia perfecta de una región donde la política y la minería ilegal comparten mesa, copa y escenario.

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