
La Contraloría ha puesto en evidencia lo que la gestión del alcalde Jorge Valverde Mendoza preferiría ocultar: el complejo deportivo Cushipata, inaugurado con discursos y aplausos, es hoy un símbolo de la improvisación y el descuido. El informe de control concurrente N.° 008-2025-OCI/0340-SCC revela que, bajo la actual administración municipal, la obra presenta deficiencias prematuras que comprometen su calidad y ponen en duda la seriedad de quienes gobiernan Piscobamba.

El espejismo de la gestión
La obra, valorizada en más de S/1,6 millones, fue recepcionada en abril de 2025. Siete meses después, aún no se aprueba la liquidación técnica y financiera. Mientras tanto, las fallas saltan a la vista: rejillas metálicas mal fijadas, veredas rotas, graderías con juntas debilitadas, cemento seco mal aplicado y ventanas con aberturas que parecen invitaciones al deterioro.
Todo esto ocurre en la gestión de Valverde Mendoza, quien prometió modernizar Piscobamba y hoy carga con un complejo deportivo que envejece más rápido que su propio discurso.

La política del maquillaje
El comité de recepción firmó actas, el contratista entregó valorizaciones y la municipalidad celebró la culminación. Pero la realidad es que la obra se desmorona en silencio. Es la política del maquillaje: cortar cintas, posar para la foto y dejar que el concreto se agriete mientras los vecinos esperan un espacio digno para el deporte.

La moraleja
El informe de la Contraloría no solo desnuda las fallas técnicas, sino también la fragilidad de una gestión que confunde administración con propaganda. En Piscobamba, el cemento mal mezclado y las rejillas torcidas son la metáfora de un gobierno local que no logra garantizar ni lo más básico: que el dinero del pueblo se traduzca en obras duraderas.
La gestión de Jorge Valverde Mendoza queda marcada por este complejo deportivo: un recordatorio de que la corrupción y la mediocridad no necesitan millones para hacerse visibles; basta con una vereda rota y una gradería que se quiebra antes de tiempo.







